Mi hija pequeña se dio un golpe en la boca y entró sangrando. Fue a la salida de las extraescolares, había llovido lo justo para dejar el suelo resbaladizo y que tropezara en un escalón y su boca fuera a dar con otro. En el baño le hice enjuagarse para ver de dónde salía la sangre: heridas dentro y heridas fuera, pero no estaban comunicadas entre sí, menos mal. La herida de fuera se la hizo el escalón, las de dentro, sus propios dientes. Del golpetazo, el dientecillo de leche que se le movía, se le cayó al día siguiente y a mí me daba miedo comprobar si las palas, ya definitivas, se movían después del golpe. Me daba miedo todo, pero disimulé bien, creo, mientras le lavaba, le decía que no pasaba nada, que era el golpe y la boca muy escandalosa. Le decía que había que poner un poco de hielo para que no se le hinchara mucho y que el frío le aliviaría el dolor. Íbamos camino del centro de salud cuando llamamos a mi madre, que me dijo que le pusiera una tira de aproximación y hielo.
El médico le limpió con una gasa empapada en cristalmina y nos mandó a casa. No era nada, un susto, etc. Paramos en la farmacia y compré ibuprofeno en jarabe y tiras de aproximación. Compramos un paquete de 12 flash porque era todo lo que había. La tira de aproximación se cayó antes de que se terminara el polo.



Ay que gracia me ha hecho leer esta publicación al final del día en el que mi criatura se ha partido el labio exactamente igual que la tuya. Es como si esto fuera una publicación en mi propio diario. Y si, hemos mantenido la calma muy bien. No dejo de sorprenderme a mi misma.
Besos.
Pobre niña! Bueno, seguro que no queda marca...
;>)